lunes, febrero 08, 2010

Hoy puede ser un gran día

Como diría Serrat, hoy puede ser un gran día.

Hoy puede ser un gran día para mí, porque voy a ver cómo se despiertan mis hijas, cómo abren sus ojos soñolientos, cómo se activan y me dan energía positiva, cómo bromean conmigo, cómo me cuestionan y desafían, cómo me sonríen con ternura.

Hoy puede ser un gran día porque voy a contemplar la belleza de Sagrario. Porque voy a almorzar con ella, a charlar de nuestros sueños y proyectos, porque voy a besarla y abrazarla. Porque quizá escuchemos juntos esa canción de jazz o compartamos manta roja en nuestro sofá. Porque simplemente, voy a “estar” con ella, disfrutando de cada minuto, como si fuera el último.

Hoy puede ser un gran día porque voy a trabajar en lo que me motiva, y voy a compartir momentos únicos con personas especiales e inconformistas.

Porque voy a ayudar a esas personas a tomar conciencia sobre su vida, sobre sus retos personales y profesionales, porque voy a desafiarles a asumir la responsabilidad sobre su vida, carrera profesional o empresa…y les animaré a tomar acción para avanzar hacia sus metas con más rapidez y facilidad.

Hoy puede ser un gran día porque voy a sentir el frio en mi cara, porque contemplaré el cielo, porque escucharé el sonido de los pájaros por la mañana, porque dejaré que el sol me acaricie con sus rayos, porque admiraré la gigantesca luna llena iluminando las torres, y porque quizá escuche una vez más la canción “Life on Mars”.

Hoy puede ser un gran día porque yo decidiré quién voy a ser. Porque nadie podrá obligarme a decir o hacer nada que yo no desee. Porque voy a escribir un nuevo artículo en mi blog y sentiré que estoy contribuyendo humildemente a un mundo mejor.

Hoy puede ser un gran día porque lo he decidido yo. O tú. Porque nadie más puede decidir esto. De hecho, es la única libertad que tenemos garantizada: la de decidir, pase lo que pase, que hoy será un gran día para nosotros. Sólo depende de la actitud con que lo afrontemos.

Hoy puede ser un gran día porque quizá aprendamos una nueva lección si tenemos los ojos bien abiertos, porque tal vez descubramos una cualidad maravillosa dentro de nosotros, o a lo mejor porque conozcamos mejor nuestras debilidades y las afrontemos con honestidad.

Hoy puede ser un gran día porque es posible que decidamos salir de nuestra rutina diaria y nos rebelemos contra ella. Quizá hoy retomemos un antiguo sueño olvidado, o la vida nos dé una nueva oportunidad.

O simplemente, hoy puede ser un gran día porque estamos vivos.

Piensa un momento. ¿Por qué puede ser hoy un gran día para ti? ¿De quién depende? Si piensas que depende del tiempo, de tu jefe, de tu equipo, de tu pareja, de tus hijos, de tus amigos, o del azar…estás perdido/a.

Sólo depende de ti. No pierdas la oportunidad de “ver” lo que está delante de tus ojos. Como dice Serrat en su canción:

Hoy puede ser un gran día donde todo está por descubrir, si lo empleas como el último que te toca vivir.

Hoy puede ser un gran día imposible de recuperar, un ejemplar único, no lo dejes escapar.”


JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web:
http://www.zencoaching.es/
¿Has comprado ya mi libro "Zen Coaching. Un nuevo método para potenciar tu vida profesional y personal", ed. Díaz de Santos, 2008?

martes, enero 12, 2010

La sociedad cortoplacista

Vivimos en una sociedad cortoplacista. Todo lo queremos para ya, porque la espera es incómoda y molesta. Nuestra sociedad no valora la pausa, el silencio, pero tampoco el esfuerzo y la disciplina. El placer debe ser inmediato y efímero, porque en seguida nos cansamos de cualquier experiencia. Y cuanto más placer y con el menos tiempo de espera, mejor.

Al mismo tiempo, pretendemos huir constantemente del sufrimiento. Cuanto menos sufrimiento y de menor duración, mejor. Sin embargo, paradójicamente, cada vez hay más ansiedad, estrés y depresión. ¿Por qué?

Cuando huimos del esfuerzo o del sufrimiento a corto plazo, es más que probable que provoquemos sufrimiento a largo plazo, a nosotros o a otras personas. Cuando buscamos placer a corto plazo, muchas veces estamos sacrificando el placer a largo plazo y la verdadera felicidad. El problema siempre está en no afrontar de verdad nuestros conflictos internos, en eludir el enfrentamiento con nosotros u otras personas.

Muchas veces, cuando queremos cerrar capítulos de nuestra vida y no lo hacemos por miedo al enfrentamiento o al conflicto, estamos creando el poso de futuros conflictos aún más graves y destructivos que el que estamos intentando evitar. Es pan para hoy y hambre para mañana.

No hay nada que nos asiente más, que nos sitúe más en nuestro verdadero centro, que afrontar de forma directa y valiente los desafíos, problemas y conflictos que tenemos delante de nuestras narices, y dejar de postponerlos indefinidamente. No hay nada que nos haga sentir más seguros de nosotros mismos, que nos proporcione mayor energía positiva y autoestima.

Y al contrario, cuando ocultamos la basura que tenemos en nuestra vida bajo la alfombra de nuestras inseguridades y carencias, no estamos eliminando la basura, sino haciendo que se pudra todo eso en nuestro interior. Y tarde o temprano, la basura acumulada saldrá por algún lado. Sufrimiento a largo plazo por haber evitado el sufrimiento a corto o por haber pretendido el placer superficial y cortoplacista.

En el fondo, este comportamiento nos recuerda al de los niños pequeños. Si a un niño de 4 años le preguntamos: ¿Quieres tomarte esta piruleta de fresa ahora o prefieres que mañana te dé 10 piruletas? Indudablemente, el niño va a decir que quiere la piruleta ahora, que no le hables de mañana aunque sean 50 piruletas. El niño está eligiendo la satisfacción del placer inmediato, sacrificando el mayor placer a largo plazo. Igual hacemos los adultos. Actuamos como niños porque estamos desorientados, perdidos en nuestro mar de necesidades insatisfechas, miedos y carencias emocionales.

Ahora que empieza el nuevo año, es el momento de cerrar las historias (personales o profesionales) que no nos aportan nada positivo, de cerrar la puerta a las personas tóxicas del pasado, a los pensamientos inmaduros y autodestructivos. Es el momento de abrir la puerta a tus valores, a tu grandeza interior, a tu verdadero potencial, a tu enorme fuerza. Quizá en el camino necesites renunciar a algo o a alguien, quizá necesites potenciar tu autodisciplina y realizar un autoexamen de honestidad y verdad. Forma parte de tu limpieza interior. Recuerda: en muchas ocasiones, para vivir hay que dejar morir.

También puedes contratar a un coach que te ayude a hacerlo todo aún más rápido, aún más sostenible, aún con mayor claridad y foco. Cada vez más personas brillantes utilizan un coach para lograr sus objetivos profesionales y personales. Como Edurne Pasabán, quien habla en la revista Psychologies de los beneficios que ha obtenido a través del coaching para alcanzar la cima de 11 de las 14 montañas más altas del mundo.

Renovadas ilusiones, nuevos retos, nuevos caminos y sueños para el año que comienza. Sobre todo, pase lo que pase, vívelo con honestidad…y pasión. Feliz año nuevo.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
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jueves, diciembre 10, 2009

VIVIR con mayúsculas

Hacemos muchas cosas a lo largo del día, a lo largo de la semana, a lo largo del año. Ahora que está llegando el final de año, merece la pena que hagamos una reflexión sobre todas esas cosas que hacemos, y en si realmente nos llevan a algún lugar.

El 80% de nuestros resultados vienen del 20% de nuestras acciones. Es la ley de Pareto, que se ha demostrado en el ámbito científico, económico y empresarial. También se cumple en nuestra vida personal. La gran mayoría de las actividades que comen nuestro tiempo no tienen ningún sentido, no nos aportan prácticamente nada de felicidad ni satisfacción. La pregunta clave es ¿Y para qué las hacemos?

Tenemos la sensación de que estamos vivos cuando estamos haciendo tareas y actividades alocadamente. Pero somos muertos vivientes cuando lo hacemos con el piloto automático, tratando de encajar todos nuestros compromisos con calzador. En nuestra sociedad prima la idea de estar en constante movimiento, pero es un movimiento sin brújula. El problema es que pasamos por la vida de puntillas, tocando sólo la superficie, sin profundizar. Porque no nos damos tiempo para parar, y mucho menos para disfrutar.

Sagrario, la mujer con la que comparto mi vida, una mujer increíble, me decía el otro día que soñaba con una tarde de invierno, sentada en un cómodo sillón frente a una chimenea, leyendo un buen libro y saboreando una copa de vino. Por otro lado, una amiga me contó ayer que le costaba mucho desquitarse de las obligaciones familiares y logísticas que tenía, y que le ocupaban los fines de semana. Ambas reflexiones se enfocan en la misma idea: la dificultad que tenemos en Occidente para “bajarnos del tren”, para disfrutar del presente y para VIVIR con mayúsculas.

Porque no es lo mismo vivir que VIVIR. VIVIR con mayúsculas es, sencillamente, hacer las cosas con un sentido, con una dirección consciente, con un propósito. ¿Y cual es ese propósito? No es el destino, no es el objetivo, no es el resultado. El propósito de cada tarea, de cada acción, de cada actividad, debe ser la de hacerla lo mejor que podamos en ese instante, y disfrutar por el mero hecho de hacerla, no porque esperemos un resultado específico de esa acción.

Deja de hacer cosas sin parar, como un conejito de Duracell. Porque te estás perdiendo la verdadera vida. Y si no me crees, imagina que la próxima semana no vas a hacer nada de lo que se supone que esperan de ti. Desházte de todos los compromisos que no te apetecen, olvida todas las gestiones que te has impuesto…y permítete a ti mismo o a ti misma VIVIR. Si te atreves con este reto, te aseguro que comprobarás al final de la semana…que no ha pasado nada catastrófico. Es más, todo seguirá igual. Así que ¿para qué imponerte miles de actividades que no van a suponer una diferencia significativa en tu vida, y que además te causan desagrado y estrés?

Pues bien, este año 2009 no tengo más que decirte. Ha sido un año especialmente duro para mí a nivel personal. Pero también he aprendido mucho de mis errores. Y he aprendido mucho sobre las personas, sobre su fragilidad, sobre su imperfección, sobre sus miedos. Quiero despedirme de este año, que no olvidaré nunca, con un fuerte abrazo hacia ti, que me has leído mes tras mes. No te imaginas lo importante que eres para mí, nos conozcamos o no. Espero que sigas entrando a este humilde blog, que no tiene otro objetivo que compartir contigo mis inquietudes, aprendizajes y esperanzas.

Como me dijo un directivo al que hice coaching el año pasado: Que en el próximo año no te falte un sueño por el que luchar, un proyecto que realizar, algo que aprender, un lugar adonde ir y sobre todo, alguien a quien hacer feliz.

Si tienes las cinco, estarás VIVIENDO con mayúsculas.

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jueves, noviembre 19, 2009

No te falles a ti mismo

La pasada semana asistí a un acto en el cual un profesor de liderazgo entrevistaba a Rafa Nadal sobre su forma de afrontar los retos y las dificultades, no sólo en la pista sino en la vida.

Nadal contó un momento crítico de la final de Wimbledon de 2008. Había empezado ganando los dos primeros sets, pero había perdido los dos siguientes, y aún peor, había desperdiciado la oportunidad de dos bolas de partido, que habrían significado su primer título de Wimbledon. Todo esto teniendo en cuenta que el año anterior había perdido la final ante Federer, el mismo rival. En ese momento, en un descanso, le dijo en los vestuarios a su entrenador: “Puede que no gane el partido, pero no voy a fallar”.

Esta frase resume la gran diferencia entre el error y el fracaso. Porque nadie fracasa si pone su máximo talento y esfuerzo en una tarea. Puede que se equivoque, puede que pierda, pero nunca fracasa.

Es también un síntoma de dignidad personal y profesional, de estar a la altura en todo momento, de no rendirse ni hundirse, de no fallarse a sí mismo. Es un ejemplo admirable de cómo la verdadera batalla la libramos con nosotros mismos, nunca con adversarios externos. Los rivales son la excusa necesaria, pero el verdadero desafío es con uno mismo.

Nadal dijo que en los entrenamientos, desde pequeño, su entrenador había sido muy duro con él. Cada vez que fallaba un golpe, le preguntaba ¿Por qué has fallado?…¿En qué has fallado?...Esta pregunta machacó el cerebro de Nadal durante muchísimos años.

En este sentido, Nadal decía: “Cuando te han preguntado 50.000 veces ¿En qué has fallado?, te acostumbras a pensarlo cuando estás solo, a darte cuenta. Aunque luego otra cosa sea saber qué hacer para no fallar. Pero al menos sabes por qué has fallado.”

El error es sano, porque aprendes de él y eso supone que la próxima vez lo harás mejor. El error se refiere a un comportamiento concreto. Sin embargo, el fracaso tiene que ver con la identidad de una persona. Por eso es peligroso usarlo con nosotros mismos y con los demás.

La única forma de fallarte a ti mismo es no hacer las cosas lo mejor que sabes en cada instante. Cuando pones el máximo empeño y concentración en un objetivo, cuando haces todo con la mayor pasión y dedicación, no te garantizas el hecho de conseguirlo, pero te aseguras lo más importante: no fallarte a ti mismo, haber estado a la altura, estar tranquilo con tu conciencia, saber que no has traicionado tu dignidad. Independientemente del resultado, habrá merecido la pena, habrás dado un ejemplo a todos los que te rodean. Y te convertirás en una referencia. Aunque te hayas equivocado.


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jueves, octubre 22, 2009

¿Quieres tener éxito o ser feliz?

¿Se puede ser feliz sin tener éxito? ¿Se puede tener éxito y aún así, no ser feliz? El éxito nos da muchos quebraderos de cabeza, nos confunde con sus cantos de sirena, nos hace cometer toda clase de estupideces, nos lleva en muchas ocasiones a olvidar nuestros valores y principios. Yo nunca hablo de éxito con mis clientes de coaching. Hablo con ellos de lo que les ilusiona, de lo que quieren para su vida. El éxito es una palabra vacía.

Entonces ¿Por qué queremos tener éxito? ¿Qué significa el éxito? Habitualmente, se identifica en nuestra sociedad con alguien que ha logrado un nivel social, profesional o económico muy por encima de la media. El éxito suele ir acompañado de conceptos como competitividad, agresividad o el logro de nuestros objetivos.

¿Y qué pasa con nuestra felicidad? ¿Acaso el logro de nuestros objetivos nos lleva siempre hacia la felicidad? Evidentemente no. Muchas veces sucede lo contrario, nos alejan de nuestra verdadera esencia. Pero en muchas ocasiones somos seres débiles, que dependemos demasiado de la aceptación de los demás. Si los demás nos aplauden cuando logramos un objetivo, nos sentimos aceptados y entonces creemos que ése es el único camino.

Esta obsesión con el éxito, por eso, tiene mucho que ver con profundas carencias emocionales. Como no estamos interiormente bien con nosotros mismos, tratamos de cubrir esa necesidad de estar bien de forma externa y superficial, trabajando 12 horas diarias, tratando de ascender en nuestra carrera profesional como sea, o ganando más dinero del que necesitamos. Esa escalada lleva muchas veces a destruir nuestra vida personal y familiar. No es de extrañar que en la sociedad del superbienestar, la depresión y el estrés estén aumentando a niveles alarmantes. Y seguirán creciendo.

¿Y eso es el éxito? Paradójicamente, lo que nos está pasando es que, por un excesivo enfoque en el éxito individual y egoista, terminamos convirtiéndonos en auténticos fracasados.

Un fracasado es una persona que ha destruido su vida personal, aunque haya conseguido todas sus metas.

Un fracasado es una persona que se acomoda y resigna a una situación profesional o personal insatisfactoria.

Un fracasado es alguien que actúa o vive en contra de sus valores.

Un fracasado es alguien que no es feliz, como mínimo, el 80% del tiempo que pasa en su trabajo.

Un fracasado es alguien que no es feliz, como mínimo, el 80% del tiempo de su vida personal, con su pareja o familia.

Esto no quiere decir que conseguir objetivos sea negativo. Al contrario. Lograr nuestras metas nos hace crecer y superar nuestros límites, nos produce satisfacción y confianza. Ahora bien, ¿De quién son esas metas? ¿Estamos seguros de que son realmente nuestras, o son objetivos que hemos adoptado de la sociedad, de nuestros padres, o de otras personas? ¿Son metas acordes con nuestros valores y forma de ver la vida? ¿Son nuestras metas?

No cometas el error de dejarte llevar por las reglas sociales, por el status, por la titulitis, por la necesidad de aceptación de los demás. Mira dentro de ti y decide verdaderamente lo que quieres, aunque la sociedad o las personas cercanas no lo etiqueten como éxito.

Muchas personas tienen éxito en la vida, pero son unos fracasados en su vida. Muchos tienen éxito en la forma, pero no en el fondo.

Preocúpate únicamente de tener éxito en tu vida. Sólo lo habrás conseguido si eres feliz con lo que eres, con lo que haces y con lo que tienes.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
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martes, septiembre 29, 2009

No es bueno ni malo...Simplemente "es"

Un hombre viudo vivía en un pueblo en compañía de su único hijo. Poseía un caballo y cierto día comprobó que se había escapado. La noticia corrió por el pueblo y vinieron a verlo los vecinos para decirle:
- ¡Qué mala suerte has tenido! Sólo tenías un caballo y se ha marchado.
- Sí, sí, así es; se ha marchado -repuso el hombre.

Transcurrieron unos días y una mañana, cuando el hombre salía de su casa para dar un paseo, se encontró con que en la puerta no sólo estaba su caballo, sino que había traído a otro con él. Vinieron a verlo los vecinos y dijeron:
- ¡Qué buena suerte la tuya! No sólo has recuperado tu caballo, sino que ahora posees dos!
- Sí, sí, así es –repuso el hombre.

Al contar con dos caballos, padre e hijo salían a montar a menudo. Pero un día el hijo se cayó del caballo y se rompió una pierna. Cuando los vecinos vinieron a ver al hombre, comentaron:
- ¡Qué mala suerte! Si no hubiera venido ese otro caballo, tu hijo estaría bien.
- Sí, sí, así es –dijo el hombre sin inmutarse.

Pasaron dos semanas y estalló la guerra. Todos los jóvenes del pueblo fueron movilizados, menos el hijo, que tenía la pierna fracturada. Los vecinos acudieron a visitar al hombre y exclamaron:
- ¡Lo tuyo sí que es buena suerte! Tu hijo es el único que se ha librado de la guerra.
- Sí, sí, así es –repuso serenamente el hombre ecuánime.

Te aseguro que esta historia tiene un significado muy especial para mí. Las experiencias más amargas y horribles de mi vida, cuando las contemplo con la perspectiva del tiempo, han provocado en mí transformaciones y experiencias que posteriormente me han aportado un increíble aprendizaje y madurez. De hecho, si contemplamos con esta perspectiva los hechos, en el mismo momento en que nos están afectando y sangrando interiormente, seremos más capaces de gestionar el sufrimiento.

Toda experiencia dramática cierra puertas y abre otras nuevas. El problema es que tendemos a quedarnos mirando las puertas cerradas, y nos resulta casi imposible dejar de contemplarlas generándonos un increíble dolor. Yo creo que es lícito sentir dolor, mucho dolor. Es humano, es normal, es inevitable. Tenemos derecho a un periodo de duelo después de una experiencia dura o amarga. No debemos caer en culparnos a nosotros mismos por el hecho de sufrir y llorar.

Sin embargo, todo esto tiene un límite. En un momento dado debemos obligarnos a terminar con el periodo de sufrimiento. No podemos seguir revolviéndonos en el fango ni autocompadeciéndonos meses y años. No nos lo merecemos. Créeme que yo he pasado por este proceso varias veces. Y me ha sido de gran ayuda esta fábula. También me ha sido de una gran ayuda el hecho de observarme a mí mismo lo más objetivamente posible. Por un lado, sentía un dolor intenso y no podía frenar mi mente ni mis emociones. Pero por el otro lado, notaba una presencia, una especie de observador que estaba contemplando mi propio proceso. Esa presencia era también yo, o mejor dicho, una parte de mí. Y esa presencia me iba dando mensajes sin que me diera apenas cuenta. Mensajes como Lo que importa es el presente, no el pasado, o Lo que ha sucedido ya no existe, mira al futuro con esperanza. O Aprende de esto y actúa ahora mismo para que no vuelva a suceder nunca más.

Ese observador de mí mismo me ha ayudado decisivamente a actuar como quería y debía actuar en momentos delicadísimos de mi vida, en los que mi dignidad personal y mi valor como persona corrían serio peligro, momentos en que todos los pilares de mi vida se derrumbaron a la vez. Desde ese sentimiento de gratitud, te escribo. Para que tú también lo hagas. Obsérvate a ti mismo/a como si esa parte de ti fuera un investigador del comportamiento humano, observa tu sufrimiento en esos momentos duros, observa tus pensamientos esquizofrénicos sin juzgarlos y sin culparte a ti mismo/a. Observa qué sientes, y comparte esas emociones con quien sea necesario.

Y recuerda siempre esta fábula. Recuerda que no tienes la suficiente perspectiva para juzgar si una experiencia es positiva o negativa, maravillosa u horrible. Porque esa experiencia traerá consigo nuevas experiencias, que podrán contradecir tu opinión inicial. Nada es bueno ni malo. Simplemente...es.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web:
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jueves, julio 30, 2009

No te tomes nada personalmente

Acabo de leer un libro interesante: Los cuatro acuerdos, de Miguel Ruiz. Y me ha llamado la atención especialmente uno de los conceptos clave del libro: No te tomes nada personalmente. Ruiz dice que uno de los graves errores que cometemos todos, y que nos provoca mucho sufrimiento es tomarnos todo personalmente. Por ejemplo, si alguien nos dice algo en un tono de voz elevado, o nos critica, nos lo tomamos personalmente, reaccionamos con negatividad emocional y luego nos sentimos mal.

Lo que Ruiz dice es que no te tomes personalmente nada, y lo lleva al extremo. Si alguien te insulta, puedes tomar dos opciones: enfadarte, insultar a la otra persona, y comportamientos más agresivos. La otra opción es pensar: No es nada personal contra mí. Es un problema suyo, no mío. Porque el hecho de insultarme es porque esta persona tiene unas creencias y conceptos determinados sobre el mundo y sobre las personas, que le hacen comportarse así. Por tanto, es asunto suyo, no mío.

El caso extremo de insultar no debe cegarnos a una realidad absolutamente cotidiana. Por ejemplo, todos conocemos personas que nos desgastan energía, que sacan lo peor de nosotros, personas con las que reaccionamos de forma negativa, y que nos provocan culpabilidad después. Lo que hacen dichas personas es asunto suyo, no tuyo. Si te lo tomas personalmente, estás cayendo en su juego, estás dejando que dicha persona dirija tu comportamiento y emociones. Aunque no lo quieras reconocer, es así. El origen de todo esto es nuestro egocentrismo. Nos creemos demasiado importantes, y por eso nos tomamos todo personalmente.

Cuando alguien me dice: Es que esta persona me hace mucho daño con sus comentarios y con su comportamiento, entonces les pregunto: ¿De quién es asunto esto?, a lo cual no suelen saber la respuesta. La respuesta es: Es asunto de esta persona, no tuyo. Si haces caso de lo que dice o hace esa persona, si entras en su juego emocional, estás metiéndote en los asuntos de los demás, y como estás allí, no estás aquí para ti. Así que toda tu energía y recursos los inviertes en cambiar el comportamiento del otro, en lugar de invertirlo en tu comportamiento y emoción.

El 99% de las personas del mundo desarrollado juegan a juegos emocionales sutiles. Si no estás muy atento, no los verás, no los detectarás. Y entrarás en ellos como un toro entra al capote del torero. No te dejes manipular por los juegos emocionales de los demás, por el victimismo, no dejes que nadie te haga creer que eres una persona poco valiosa. Porque si lo haces, si te lo tomas personalmente, será responsabilidad tuya, no de ellos.

No eches la culpa a los demás de tu sufrimiento. Es asunto tuyo, igual que el comportamiento limitado y pobre de los demás es asunto de los demás. Cambia el chip y asume tu responsabilidad. Como dice Ruiz en su libro, sal del sueño...o mejor dicho, sal de la pesadilla y accede a la verdadera realidad, limpia y desnuda. La realidad está ahí, y ha estado siempre. Somos nosotros los que tenemos una venda en los ojos y no la vemos.

Si quieres quitarte la venda y empezar a vivir de verdad, a descubrir la mejor versión de ti mismo o de ti misma, a eliminar el sufrimiento, a alcanzar tus objetivos personales y profesionales, te recomiendo que contrates un coach. Es la mejor inversión que puedes hacer en tu vida. Un coach es un profesional que con su metodología te hace ver con claridad dónde están tus limitaciones y frenos, así como dónde están tus enormes recursos y cualidades.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web:
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