jueves, diciembre 10, 2009

VIVIR con mayúsculas

Hacemos muchas cosas a lo largo del día, a lo largo de la semana, a lo largo del año. Ahora que está llegando el final de año, merece la pena que hagamos una reflexión sobre todas esas cosas que hacemos, y en si realmente nos llevan a algún lugar.

El 80% de nuestros resultados vienen del 20% de nuestras acciones. Es la ley de Pareto, que se ha demostrado en el ámbito científico, económico y empresarial. También se cumple en nuestra vida personal. La gran mayoría de las actividades que comen nuestro tiempo no tienen ningún sentido, no nos aportan prácticamente nada de felicidad ni satisfacción. La pregunta clave es ¿Y para qué las hacemos?

Tenemos la sensación de que estamos vivos cuando estamos haciendo tareas y actividades alocadamente. Pero somos muertos vivientes cuando lo hacemos con el piloto automático, tratando de encajar todos nuestros compromisos con calzador. En nuestra sociedad prima la idea de estar en constante movimiento, pero es un movimiento sin brújula. El problema es que pasamos por la vida de puntillas, tocando sólo la superficie, sin profundizar. Porque no nos damos tiempo para parar, y mucho menos para disfrutar.

Sagrario, la mujer con la que comparto mi vida, una mujer increíble, me decía el otro día que soñaba con una tarde de invierno, sentada en un cómodo sillón frente a una chimenea, leyendo un buen libro y saboreando una copa de vino. Por otro lado, una amiga me contó ayer que le costaba mucho desquitarse de las obligaciones familiares y logísticas que tenía, y que le ocupaban los fines de semana. Ambas reflexiones se enfocan en la misma idea: la dificultad que tenemos en Occidente para “bajarnos del tren”, para disfrutar del presente y para VIVIR con mayúsculas.

Porque no es lo mismo vivir que VIVIR. VIVIR con mayúsculas es, sencillamente, hacer las cosas con un sentido, con una dirección consciente, con un propósito. ¿Y cual es ese propósito? No es el destino, no es el objetivo, no es el resultado. El propósito de cada tarea, de cada acción, de cada actividad, debe ser la de hacerla lo mejor que podamos en ese instante, y disfrutar por el mero hecho de hacerla, no porque esperemos un resultado específico de esa acción.

Deja de hacer cosas sin parar, como un conejito de Duracell. Porque te estás perdiendo la verdadera vida. Y si no me crees, imagina que la próxima semana no vas a hacer nada de lo que se supone que esperan de ti. Desházte de todos los compromisos que no te apetecen, olvida todas las gestiones que te has impuesto…y permítete a ti mismo o a ti misma VIVIR. Si te atreves con este reto, te aseguro que comprobarás al final de la semana…que no ha pasado nada catastrófico. Es más, todo seguirá igual. Así que ¿para qué imponerte miles de actividades que no van a suponer una diferencia significativa en tu vida, y que además te causan desagrado y estrés?

Pues bien, este año 2009 no tengo más que decirte. Ha sido un año especialmente duro para mí a nivel personal. Pero también he aprendido mucho de mis errores. Y he aprendido mucho sobre las personas, sobre su fragilidad, sobre su imperfección, sobre sus miedos. Quiero despedirme de este año, que no olvidaré nunca, con un fuerte abrazo hacia ti, que me has leído mes tras mes. No te imaginas lo importante que eres para mí, nos conozcamos o no. Espero que sigas entrando a este humilde blog, que no tiene otro objetivo que compartir contigo mis inquietudes, aprendizajes y esperanzas.

Como me dijo un directivo al que hice coaching el año pasado: Que en el próximo año no te falte un sueño por el que luchar, un proyecto que realizar, algo que aprender, un lugar adonde ir y sobre todo, alguien a quien hacer feliz.

Si tienes las cinco, estarás VIVIENDO con mayúsculas.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
¿Has comprado ya mi libro "Zen Coaching. Un nuevo método para potenciar tu vida profesional y personal", ed. Díaz de Santos, 2008?

jueves, noviembre 19, 2009

No te falles a ti mismo

La pasada semana asistí a un acto en el cual un profesor de liderazgo entrevistaba a Rafa Nadal sobre su forma de afrontar los retos y las dificultades, no sólo en la pista sino en la vida.

Nadal contó un momento crítico de la final de Wimbledon de 2008. Había empezado ganando los dos primeros sets, pero había perdido los dos siguientes, y aún peor, había desperdiciado la oportunidad de dos bolas de partido, que habrían significado su primer título de Wimbledon. Todo esto teniendo en cuenta que el año anterior había perdido la final ante Federer, el mismo rival. En ese momento, en un descanso, le dijo en los vestuarios a su entrenador: “Puede que no gane el partido, pero no voy a fallar”.

Esta frase resume la gran diferencia entre el error y el fracaso. Porque nadie fracasa si pone su máximo talento y esfuerzo en una tarea. Puede que se equivoque, puede que pierda, pero nunca fracasa.

Es también un síntoma de dignidad personal y profesional, de estar a la altura en todo momento, de no rendirse ni hundirse, de no fallarse a sí mismo. Es un ejemplo admirable de cómo la verdadera batalla la libramos con nosotros mismos, nunca con adversarios externos. Los rivales son la excusa necesaria, pero el verdadero desafío es con uno mismo.

Nadal dijo que en los entrenamientos, desde pequeño, su entrenador había sido muy duro con él. Cada vez que fallaba un golpe, le preguntaba ¿Por qué has fallado?…¿En qué has fallado?...Esta pregunta machacó el cerebro de Nadal durante muchísimos años.

En este sentido, Nadal decía: “Cuando te han preguntado 50.000 veces ¿En qué has fallado?, te acostumbras a pensarlo cuando estás solo, a darte cuenta. Aunque luego otra cosa sea saber qué hacer para no fallar. Pero al menos sabes por qué has fallado.”

El error es sano, porque aprendes de él y eso supone que la próxima vez lo harás mejor. El error se refiere a un comportamiento concreto. Sin embargo, el fracaso tiene que ver con la identidad de una persona. Por eso es peligroso usarlo con nosotros mismos y con los demás.

La única forma de fallarte a ti mismo es no hacer las cosas lo mejor que sabes en cada instante. Cuando pones el máximo empeño y concentración en un objetivo, cuando haces todo con la mayor pasión y dedicación, no te garantizas el hecho de conseguirlo, pero te aseguras lo más importante: no fallarte a ti mismo, haber estado a la altura, estar tranquilo con tu conciencia, saber que no has traicionado tu dignidad. Independientemente del resultado, habrá merecido la pena, habrás dado un ejemplo a todos los que te rodean. Y te convertirás en una referencia. Aunque te hayas equivocado.


JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web:
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jueves, octubre 22, 2009

¿Quieres tener éxito o ser feliz?

¿Se puede ser feliz sin tener éxito? ¿Se puede tener éxito y aún así, no ser feliz? El éxito nos da muchos quebraderos de cabeza, nos confunde con sus cantos de sirena, nos hace cometer toda clase de estupideces, nos lleva en muchas ocasiones a olvidar nuestros valores y principios. Yo nunca hablo de éxito con mis clientes de coaching. Hablo con ellos de lo que les ilusiona, de lo que quieren para su vida. El éxito es una palabra vacía.

Entonces ¿Por qué queremos tener éxito? ¿Qué significa el éxito? Habitualmente, se identifica en nuestra sociedad con alguien que ha logrado un nivel social, profesional o económico muy por encima de la media. El éxito suele ir acompañado de conceptos como competitividad, agresividad o el logro de nuestros objetivos.

¿Y qué pasa con nuestra felicidad? ¿Acaso el logro de nuestros objetivos nos lleva siempre hacia la felicidad? Evidentemente no. Muchas veces sucede lo contrario, nos alejan de nuestra verdadera esencia. Pero en muchas ocasiones somos seres débiles, que dependemos demasiado de la aceptación de los demás. Si los demás nos aplauden cuando logramos un objetivo, nos sentimos aceptados y entonces creemos que ése es el único camino.

Esta obsesión con el éxito, por eso, tiene mucho que ver con profundas carencias emocionales. Como no estamos interiormente bien con nosotros mismos, tratamos de cubrir esa necesidad de estar bien de forma externa y superficial, trabajando 12 horas diarias, tratando de ascender en nuestra carrera profesional como sea, o ganando más dinero del que necesitamos. Esa escalada lleva muchas veces a destruir nuestra vida personal y familiar. No es de extrañar que en la sociedad del superbienestar, la depresión y el estrés estén aumentando a niveles alarmantes. Y seguirán creciendo.

¿Y eso es el éxito? Paradójicamente, lo que nos está pasando es que, por un excesivo enfoque en el éxito individual y egoista, terminamos convirtiéndonos en auténticos fracasados.

Un fracasado es una persona que ha destruido su vida personal, aunque haya conseguido todas sus metas.

Un fracasado es una persona que se acomoda y resigna a una situación profesional o personal insatisfactoria.

Un fracasado es alguien que actúa o vive en contra de sus valores.

Un fracasado es alguien que no es feliz, como mínimo, el 80% del tiempo que pasa en su trabajo.

Un fracasado es alguien que no es feliz, como mínimo, el 80% del tiempo de su vida personal, con su pareja o familia.

Esto no quiere decir que conseguir objetivos sea negativo. Al contrario. Lograr nuestras metas nos hace crecer y superar nuestros límites, nos produce satisfacción y confianza. Ahora bien, ¿De quién son esas metas? ¿Estamos seguros de que son realmente nuestras, o son objetivos que hemos adoptado de la sociedad, de nuestros padres, o de otras personas? ¿Son metas acordes con nuestros valores y forma de ver la vida? ¿Son nuestras metas?

No cometas el error de dejarte llevar por las reglas sociales, por el status, por la titulitis, por la necesidad de aceptación de los demás. Mira dentro de ti y decide verdaderamente lo que quieres, aunque la sociedad o las personas cercanas no lo etiqueten como éxito.

Muchas personas tienen éxito en la vida, pero son unos fracasados en su vida. Muchos tienen éxito en la forma, pero no en el fondo.

Preocúpate únicamente de tener éxito en tu vida. Sólo lo habrás conseguido si eres feliz con lo que eres, con lo que haces y con lo que tienes.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
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martes, septiembre 29, 2009

No es bueno ni malo...Simplemente "es"

Un hombre viudo vivía en un pueblo en compañía de su único hijo. Poseía un caballo y cierto día comprobó que se había escapado. La noticia corrió por el pueblo y vinieron a verlo los vecinos para decirle:
- ¡Qué mala suerte has tenido! Sólo tenías un caballo y se ha marchado.
- Sí, sí, así es; se ha marchado -repuso el hombre.

Transcurrieron unos días y una mañana, cuando el hombre salía de su casa para dar un paseo, se encontró con que en la puerta no sólo estaba su caballo, sino que había traído a otro con él. Vinieron a verlo los vecinos y dijeron:
- ¡Qué buena suerte la tuya! No sólo has recuperado tu caballo, sino que ahora posees dos!
- Sí, sí, así es –repuso el hombre.

Al contar con dos caballos, padre e hijo salían a montar a menudo. Pero un día el hijo se cayó del caballo y se rompió una pierna. Cuando los vecinos vinieron a ver al hombre, comentaron:
- ¡Qué mala suerte! Si no hubiera venido ese otro caballo, tu hijo estaría bien.
- Sí, sí, así es –dijo el hombre sin inmutarse.

Pasaron dos semanas y estalló la guerra. Todos los jóvenes del pueblo fueron movilizados, menos el hijo, que tenía la pierna fracturada. Los vecinos acudieron a visitar al hombre y exclamaron:
- ¡Lo tuyo sí que es buena suerte! Tu hijo es el único que se ha librado de la guerra.
- Sí, sí, así es –repuso serenamente el hombre ecuánime.

Te aseguro que esta historia tiene un significado muy especial para mí. Las experiencias más amargas y horribles de mi vida, cuando las contemplo con la perspectiva del tiempo, han provocado en mí transformaciones y experiencias que posteriormente me han aportado un increíble aprendizaje y madurez. De hecho, si contemplamos con esta perspectiva los hechos, en el mismo momento en que nos están afectando y sangrando interiormente, seremos más capaces de gestionar el sufrimiento.

Toda experiencia dramática cierra puertas y abre otras nuevas. El problema es que tendemos a quedarnos mirando las puertas cerradas, y nos resulta casi imposible dejar de contemplarlas generándonos un increíble dolor. Yo creo que es lícito sentir dolor, mucho dolor. Es humano, es normal, es inevitable. Tenemos derecho a un periodo de duelo después de una experiencia dura o amarga. No debemos caer en culparnos a nosotros mismos por el hecho de sufrir y llorar.

Sin embargo, todo esto tiene un límite. En un momento dado debemos obligarnos a terminar con el periodo de sufrimiento. No podemos seguir revolviéndonos en el fango ni autocompadeciéndonos meses y años. No nos lo merecemos. Créeme que yo he pasado por este proceso varias veces. Y me ha sido de gran ayuda esta fábula. También me ha sido de una gran ayuda el hecho de observarme a mí mismo lo más objetivamente posible. Por un lado, sentía un dolor intenso y no podía frenar mi mente ni mis emociones. Pero por el otro lado, notaba una presencia, una especie de observador que estaba contemplando mi propio proceso. Esa presencia era también yo, o mejor dicho, una parte de mí. Y esa presencia me iba dando mensajes sin que me diera apenas cuenta. Mensajes como Lo que importa es el presente, no el pasado, o Lo que ha sucedido ya no existe, mira al futuro con esperanza. O Aprende de esto y actúa ahora mismo para que no vuelva a suceder nunca más.

Ese observador de mí mismo me ha ayudado decisivamente a actuar como quería y debía actuar en momentos delicadísimos de mi vida, en los que mi dignidad personal y mi valor como persona corrían serio peligro, momentos en que todos los pilares de mi vida se derrumbaron a la vez. Desde ese sentimiento de gratitud, te escribo. Para que tú también lo hagas. Obsérvate a ti mismo/a como si esa parte de ti fuera un investigador del comportamiento humano, observa tu sufrimiento en esos momentos duros, observa tus pensamientos esquizofrénicos sin juzgarlos y sin culparte a ti mismo/a. Observa qué sientes, y comparte esas emociones con quien sea necesario.

Y recuerda siempre esta fábula. Recuerda que no tienes la suficiente perspectiva para juzgar si una experiencia es positiva o negativa, maravillosa u horrible. Porque esa experiencia traerá consigo nuevas experiencias, que podrán contradecir tu opinión inicial. Nada es bueno ni malo. Simplemente...es.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web:
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jueves, julio 30, 2009

No te tomes nada personalmente

Acabo de leer un libro interesante: Los cuatro acuerdos, de Miguel Ruiz. Y me ha llamado la atención especialmente uno de los conceptos clave del libro: No te tomes nada personalmente. Ruiz dice que uno de los graves errores que cometemos todos, y que nos provoca mucho sufrimiento es tomarnos todo personalmente. Por ejemplo, si alguien nos dice algo en un tono de voz elevado, o nos critica, nos lo tomamos personalmente, reaccionamos con negatividad emocional y luego nos sentimos mal.

Lo que Ruiz dice es que no te tomes personalmente nada, y lo lleva al extremo. Si alguien te insulta, puedes tomar dos opciones: enfadarte, insultar a la otra persona, y comportamientos más agresivos. La otra opción es pensar: No es nada personal contra mí. Es un problema suyo, no mío. Porque el hecho de insultarme es porque esta persona tiene unas creencias y conceptos determinados sobre el mundo y sobre las personas, que le hacen comportarse así. Por tanto, es asunto suyo, no mío.

El caso extremo de insultar no debe cegarnos a una realidad absolutamente cotidiana. Por ejemplo, todos conocemos personas que nos desgastan energía, que sacan lo peor de nosotros, personas con las que reaccionamos de forma negativa, y que nos provocan culpabilidad después. Lo que hacen dichas personas es asunto suyo, no tuyo. Si te lo tomas personalmente, estás cayendo en su juego, estás dejando que dicha persona dirija tu comportamiento y emociones. Aunque no lo quieras reconocer, es así. El origen de todo esto es nuestro egocentrismo. Nos creemos demasiado importantes, y por eso nos tomamos todo personalmente.

Cuando alguien me dice: Es que esta persona me hace mucho daño con sus comentarios y con su comportamiento, entonces les pregunto: ¿De quién es asunto esto?, a lo cual no suelen saber la respuesta. La respuesta es: Es asunto de esta persona, no tuyo. Si haces caso de lo que dice o hace esa persona, si entras en su juego emocional, estás metiéndote en los asuntos de los demás, y como estás allí, no estás aquí para ti. Así que toda tu energía y recursos los inviertes en cambiar el comportamiento del otro, en lugar de invertirlo en tu comportamiento y emoción.

El 99% de las personas del mundo desarrollado juegan a juegos emocionales sutiles. Si no estás muy atento, no los verás, no los detectarás. Y entrarás en ellos como un toro entra al capote del torero. No te dejes manipular por los juegos emocionales de los demás, por el victimismo, no dejes que nadie te haga creer que eres una persona poco valiosa. Porque si lo haces, si te lo tomas personalmente, será responsabilidad tuya, no de ellos.

No eches la culpa a los demás de tu sufrimiento. Es asunto tuyo, igual que el comportamiento limitado y pobre de los demás es asunto de los demás. Cambia el chip y asume tu responsabilidad. Como dice Ruiz en su libro, sal del sueño...o mejor dicho, sal de la pesadilla y accede a la verdadera realidad, limpia y desnuda. La realidad está ahí, y ha estado siempre. Somos nosotros los que tenemos una venda en los ojos y no la vemos.

Si quieres quitarte la venda y empezar a vivir de verdad, a descubrir la mejor versión de ti mismo o de ti misma, a eliminar el sufrimiento, a alcanzar tus objetivos personales y profesionales, te recomiendo que contrates un coach. Es la mejor inversión que puedes hacer en tu vida. Un coach es un profesional que con su metodología te hace ver con claridad dónde están tus limitaciones y frenos, así como dónde están tus enormes recursos y cualidades.

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jueves, mayo 21, 2009

La razón perfecta

¿Qué ocurriría si a partir de ahora te plantearas todos los acontecimientos de tu vida bajo la perspectiva de que siempre había una razón perfecta para que sucedieran? Incluso las experiencias más trágicas o dolorosas de tu vida. ¿Qué pasaría si pensaras que hay una razón perfecta que explica dichas experiencias? Una razón perfecta, muchas veces oculta, que no somos capaces de ver o reconocer en ese instante, pero que está ahí, para que la descubramos cualquier día, en un momento de lucidez o claridad especial.

Ésta es, sin duda, una nueva forma de ver la vida, de contemplarnos a nosotros mismos, de evaluar lo que nos sucede. Porque si pensamos que detrás de todo acontecimiento hay una razón perfecta para que haya sucedido, entonces somos más capaces de aceptar la realidad tal y como es. También seremos más capaces de buscar la lección que nos ha dejado esa experiencia concreta, y aplicar ese aprendizaje en nuestra vida futura.

Yo he pasado por experiencias dolorosas en el pasado, como un despido laboral o un ataque epiléptico provocado por el estrés, lo que supuso una etapa de incertidumbre y fragilidad tanto en lo profesional como en lo personal. Pero cuatro años después he descubierto la razón perfecta que no encontré en su momento. He descubierto que aquellas experiencias eran la semilla del enorme cambio personal y profesional que me ha llevado adonde estoy hoy, con una claridad y serenidad que jamás en mi vida había tenido. Ahora, cuatro años después, incluso bendigo esas experiencias, porque me han permitido convertirme en una persona más fuerte, más segura, más valiente. Me han permitido cambiar radicalmente de profesión, para dedicarme a lo que me apasiona, el coaching. Me han permitido descubrir el zen para profundizar en mi autoconocimiento y en el sentido de mi vida. Me han permitido disfrutar más intensamente del momento presente. Y muchas cosas más.

El principal obstáculo que tenemos para adoptar la visión de la razón perfecta es que estamos cerrados al sufrimiento. Queremos apartarlo de nuestra vida, enterrarlo, olvidarlo, ocultarlo. Y esa cerrazón es precisamente lo que más nos hace sufrir. Porque el dolor y el sufrimiento forman parte de nuestra vida, no podemos evitarlo. Y cerrándonos a él no lograremos más que incrementarlo. Si te resistes, persiste.

Cuando nos abrimos a la verdadera esencia de nuestra existencia, entonces podemos comprender que nuestra vida cambia cada instante, y que es imposible aferrarse a nada sólido. Disfrutamos de un éxito, y a la vuelta de la esquina nos espera un revés o una experiencia desagradable, y a continuación nos encontraremos de nuevo con otro éxito o fracaso, y así hasta el final.

Cuando aceptamos este curso natural de nuestra experiencia, y tratamos de confiar en esa razón perfecta, toda nuestra visión cambia radicalmente. Hace poco, una clienta con la que estoy trabajando se sintió conmovida en una sesión de coaching al interiorizar esta frase: Todo lo que ha sucedido en mi vida ha tenido un por qué y un para qué...todo ha tenido un sentido positivo, incluso las experiencias más duras de mi vida. Esta nueva visión nos ayuda a vernos a nosotros mismos con una renovada perspectiva y hace que eliminemos el resentimiento que pudiéramos tener dentro de nosotros hacia alguna persona o experiencia, así como el sentimiento de culpa que podamos sentir al repasar nuestras decisiones.

Y esta limpieza nos proporcionará una energía nueva y cambiará toda nuestra vida. Porque cuando cambiamos la percepción que tenemos de las cosas, estamos cambiando todo. Esta es la llave principal de nuestro sufrimiento o de nuestra felicidad.

Y ahora te propongo que pienses en los acontecimientos más dolorosos de tu vida, que los traigas al presente y pienses cual ha sido la razón perfecta para que sucedieran. ¿Qué consecuencias positivas han tenido? ¿Qué te han aportado a ti y a tu vida?
Y no te preocupes si no lo encuentras aún. Si permaneces abierto a lo que “es”, tarde o temprano lo encontrarás dentro de ti.

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lunes, abril 20, 2009

Busca la incomodidad

En nuestra sociedad es habitual ir, directamente y sin pensarlo, a satisfacer todos nuestros deseos, sea un poco de chocolate o unos caros zapatos. Es también conocida nuestra tendencia a la comodidad, a sentirnos seguros y confortables, en nuestro sillón favorito, refugiados en nuestro hogar, rodeados de las personas que nos hacen sentir cómodos. También solemos ir evitando a las personas que nos hacen sentir incómodos, las situaciones y entornos donde nos sentimos inseguros o nos provocan miedo. Todo esto lo vamos evitando consciente o inconscientemente.

Pues bien, yo te animo a que inviertas esa tendencia. Te invito a que explores en la incomodidad, en las emociones desagradables, en las situaciones que te dan miedo, que no huyas de las personas que te producen desasosiego. ¿Por qué? Porque huyendo y evitando todo eso, estás huyendo de ti mismo/a. Y si huyes de ti mismo/a, nunca tendrás la oportunidad de conocerte profundamente, de superar tus limitaciones y tus miedos, perderás la increíble oportunidad de lograr tus verdaderas metas y de desarrollar tu máximo potencial como ser humano. Instalarse en la comodidad en todos los ámbitos de tu vida te irá deteriorando mental, emocional y espiritualmente.

Sé que todo esto que digo no es popular, no vende. En definitiva, es incómodo. Pero siento la obligación moral de expresarlo, siento la necesidad de compartir que cuando saltas la barrera de la pereza y el miedo, te encuentras con tu verdadera esencia, porque descubres valores hasta el momento irreconocibles como la constancia, la perseverancia, el valor, el compromiso y la responsabilidad. Valores que siempre han estado ahí, esperando a que los rescates.

En el zen se habla de la ley del Karma, y curiosamente esta ley tiene mucho que ver con la filosofía del coaching. Es muy sencillo, dice que toda acción tiene consecuencias, toda causa produce un efecto. Por lo tanto, cualquier acción que realicemos, por pequeña que sea, tiene unas consecuencias en nuestra vida y en la de los demás. Por eso, debemos ser muy conscientes y cuidadosos, debemos asumir la responsabilidad de todas nuestras decisiones.

Quiero que me interpretes bien. Con mi elogio de la incomodidad no estoy pidiéndote que te pases la vida incómodo, desasosegado, temeroso, sufriendo. Lo que te animo es a que explores las áreas de tu vida en las que te has acomodado y no estás dando lo mejor de ti mismo. Te animo a que cada día realices algo que te haga salir de esa zona de confort. Porque esa acción tendrá sus consecuencias, no lo dudes. Como mínimo, habrás aprendido algo de ti mismo o del mundo. Y este premio, posiblemente, es el más importante regalo que puedes recibir.

Te estoy escuchando lo que piensas: ¿Y cómo supero el miedo? ¿Y la pereza? ¿Y la falta de energía?
Lo primero que te recomiendo es realizar el chequeo de la comodidad, tal y como explicaba en el anterior párrafo. Después, que asumas la responsabilidad de todos tus actos (y esto incluye, por supuesto, también tus emociones, estados de ánimo y conductas, como el estar de mal humor cuando llegas al trabajo). ¡Ojo! No hablo de sentirse culpable, sino de hacerse responsable. En último lugar, te invito a que pases a la acción, que realices pequeñas acciones que quieres o necesitas hacer, pero que hasta ahora no has hecho.

Siempre digo que entrar en un proceso de coaching implica buscar la incomodidad. Porque, aunque sea a tu propio ritmo, tendrás que plantearte cambiar cosas, y los cambios siempre te obligan a salir de la zona de confort, y entrar en la zona difusa de lo desconocido. Para eso está el coach, para acompañarte en ese viaje de autodescubrimiento, para motivarte y ayudarte a superar el miedo, la pereza, la falta de energía y lo que se ponga por delante.

¿Te animas a desafiarte y a impulsarte desde tu cómoda butaca hacia nuevos espacios de crecimiento y motivación extraordinarios? Empieza por un pequeño paso: levántate de la butaca.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web:
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