En las últimas semanas
he vivido, como seguramente tú, momentos buenos y malos, experiencias alegres y
también complicadas. Es decir, la vida misma. En los momentos malos, he logrado
incorporar el hábito, con mucho entrenamiento y constancia, de observarme a
mí mismo, cuales son mis emociones y mis pensamientos, cómo ambos afectan a
mi conducta y mis decisiones. Y cada vez soy más consciente de que todos
tenemos un yo pequeño, débil, vulnerable, lleno de miedos y necesidades insatisfechas,
que reacciona protegiéndose y defendiéndose, a veces incluso con agresividad.
En los momentos de presión y sufrimiento surge de inmediato nuestro “yo
pequeño”, cortoplacista y egocéntrico.
Pero todos tenemos también un “Yo superior”. El Yo superior es el que se eleva sobre circunstancias puntuales y mira
más allá, con una visión más global y a largo plazo. El Yo superior es capaz de
ver las implicaciones y consecuencias de los actos y decisiones, y es capaz de
distanciarse lo suficiente para actuar de la manera más poderosa y efectiva.
Nuestro Yo superior tiene
claridad mental y serenidad emocional, está conectado con los valores y es
fuerte, tiene autoconfianza y, en lugar de preocuparse de proteger su
territorio, conecta con la vida en su perspectiva más profunda. Conecta con las
necesidades de los demás, tiene verdadera empatía, controla las emociones y es
capaz de canalizar dichas emociones hacia la decisión más beneficiosa para
todos los implicados.
En resumen, el “yo
pequeño” está más preocupado de pedir a la vida que cubra sus deseos y expectativas
constantes, lo que siempre a la larga genera frustración y resentimiento,
mientras que el “Yo superior” está ocupado en servir a la vida de la mejor
manera posible. Es decir, su foco está en dar lo mejor de sí mismo a lo que
la vida le está pidiendo en cada instante.
En los momentos difíciles
que mencionaba antes, me ha sucedido lo siguiente: al principio me dejo llevar
por mi “yo pequeño”, con las emociones negativas y el sufrimiento que implica.
De pronto, me doy cuenta y soy capaz de distanciarme de ese “yo pequeño”,
observando cómo opera y qué limitaciones me impone. Y entonces, decido
preguntar por mi “Yo superior”. Y me cuestiono: “¿Cómo actuaría en esta
situación mi “Yo superior”, ese Yo que no siente miedo ni amenaza, que está
centrado en servir de la mejor manera a la vida? Esa pregunta es muy
poderosa, y de pronto surge la respuesta. La acción cambia completamente. Ahora
es el momento de decidir. ¿A quién hago caso, a mi “yo pequeño” o a mi “Yo
superior”?
Cuando he decidido
seguir las indicaciones de mi “Yo superior” todo en mi vida ha ido mejor, mucho
mejor. Mientras que cuando me dejo arrastrar por mi “yo pequeño”, lo único que
hago es complicar aún más las cosas, generando más sufrimiento para mí y para
los demás.
Cuando te encuentres
ante una decisión difícil o una situación que te esté generando emociones
negativas, párate un instante y pregúntate: “¿Qué haría ahora mi “Yo
Superior”, esa parte de mí sin miedos ni inseguridades?” Luego, tú decides.
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JAVIER CARRIL. Coach, conferenciante y escritor.
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Autor de los libros Cuentos para adultos que quieren ser felices (Descárgatelos aquí) DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.
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